Viajes

Crucero Logitravel para bloggers, Bienvenidos a bordo

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Creo que no cabe ninguna duda de que los cuatro editores de Viajablog somos más de mochila y botas de trekking que de corbata y maleta con ruedas. Pese a ello, de vez en cuando surgen viajes (personales o de negocios) que se alejan bastante de aquello a lo que estamos acostumbrados o preferimos a priori.

Un tipo de viaje que yo no me había planteado antes era el viajar en crucero durante varios días. Si bien es cierto que he usado transbordadores y ferris (con varios viajes nocturnos a mis espaldas) y que hice una excursión fluvial de tres días/dos noches por el Yangtzé y la presa de las Tres Gargantas (aún me río al releer el texto de Isa), la idea de embarcar en un buque de lujo para recorrer durante una semana una parte del Mediterraneo, nunca se me había pasado por la cabeza.

La oportunidad, que se presentó gracias a Logitravel, tal y como comenté en un post anterior, aparte de las charlas y ponencias de y entre bloggers, me ofreció la ocasión de poder hablaros, con conocimiento de primera mano, sobre la experiencia de viajar en un crucero que partía de Barcelona y recalaría en Marsella, Génova, Palermo, Nápoles, Túnez y Palma de Mallorca antes de volver a su punto de orígen.

Aterrizando a primera hora de la mañana en El Prat, la mejor manera de dirigirse a la ciudad condal es usando el Cercanías de RENFE primero y el Metro después, siendo la forma más económica la Tarjeta T-Día de 1 zona (sólo cuesta 5,50 euros y permite viajes ilimitados, en una zona, en RENFE Cercanías, Metro, Autobús, Tranvía y Ferrocarril de la Generalidad) y que a mí me permitió reunirme con Isabel en la parada de Metro de Drassanes, hacia el final de Las Ramblas.

Para llegar al barco, anclado en la Terminal A del Muelle Adosado, cogimos la lanzadera azul que para casi a la sombra (poca) de la estatua de Colón, cerca del quiosco de información (tal y como nos confirmó uno de los trabajadores de las golondrinas que hacer cortos recorridos por la boca del puerto). Dos euros por persona nos evitaron una caminata que hubiera sido de más de media hora, arrastrando pesadas maletas bajo un sol brutal que no distingue a barceloneses de foráneos.

Conforme la ruta del bus nos permite una vista del lado de estribor primero, la popa después y luego el lado de babor, donde finalmente pararemos, el barco se nos antoja un coloso. Una cosa era leerse en Internet las dimensiones y otra, muy distinta, levantar la mirada desde el muelle, buscando abarcar el equivalente a varios edificios de una quincena de pisos puestos unos al lado de otros.

El MSC Orchestra, la nueva joya (tiene poco más de un año de antiguedad, pues fue botado a mediados de Mayo de 2007) de la naviera italiana MSC, Mediterranean Shipping Cruises, es capaz de transportar a un máximo de 3013 pasajeros en sus confortables 1275 cabinas (de las que 18 son suites de lujo en la cubierta 15).

Las formalidades para subir a bordo, a partir de una hora prefijada, son similares a las de los aeropuertos. En este caso particular nosotros no llevabamos ningun billete sino que nos lo entregará Fátima, de Globally, la empresa que le ha gestionado el evento a Logitravel. Con el documento en la mano, en un mostrador adyacente dejamos el equipaje, que es identificado con claridad por parte del personal de tierra. No volveremos a ver nuestras maletas hasta que, un rato después, nos las dejen en la puerta de nuestro camarote.

A continuación pasaremos por un arco detector de metales y una máquina de rayos X, un procedimiento ya habitual para cualquier viajero, vaya por tierra, aire o, como en este caso, mar. En los mostradores de MSC nos identificamos y nos entregan, en una carterita de tela azul, más documentos (plano del barco, copia de las condiciones generales, dos postales, una guía introductoria sobre los servicios y la vida a bordo) y una tarjeta de la que no debemos separarnos

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